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Sección orientada a profundizar en tendencias clave, analizando su contexto, drivers y proyecciones a partir de múltiples señales del entorno. Cada entrega presenta un desarrollo más analítico y visual, traduciendo la tendencia en insights aplicables para estudiantes y docentes.
VER MÁS DEL OBSERVATORIOEl hombre performativo: identidad, consumo y el mercado de la visibilidad
Un nuevo arquetipo masculino emerge en redes, donde la sensibilidad, el gusto y la conciencia cultural se construyen y validan a través del consumo y la visibilidad.
- ESTADO: Terminada
- POR: Alonso Zumaeta
- DATE: 22.04.2026

En los últimos años, particularmente durante 2025 y comienzos de 2026, ha nacido en redes sociales un nuevo arquetipo masculino asociado a la generación z, el denominado “hombre performativo». Esta figura no solo representa un estilo o tendencia estética, sino una forma específica de construir identidad a través de prácticas visibles de consumo y representación en redes.
En algún momento de 2025, las redes sociales acordaron, sin coordinarse, que el hombre performativo era un tipo reconocible. Alguien que lee a Bell Hooks, escucha Clairo camino al Café Félix, compra en tiendas de diseño independiente, viste Joia y publica todo con una estética cuidadosamente descuidada. Los memes llegaron rápido, como siempre llegan cuando un arquetipo toca un nervio cultural. Pero detrás del chiste hay una pregunta más interesante: ¿qué dice de nuestra época que este personaje exista, que sea reconocible, y que el mercado ya lo tenga completamente mapeado?
El hombre performativo no es solo una figura de burla digital. Es el síntoma de un momento en que la identidad se construye en público, se valida mediante el consumo y se sostiene a través de la visibilidad. Un momento en que ser sensible, culto y conscientemente estético se ha convertido en un lenguaje y como todo lenguaje, puede usarse con honestidad o puede usarse estratégicamente. La frontera entre ambas cosas es exactamente lo que hace de este fenómeno algo digno de analizar.
Desde una perspectiva de mercado, este sujeto no es un consumidor tradicional. Su consumo opera como forma de expresión social, selecciona productos, marcas y experiencias que le permitan comunicar identidad, valores y pertenencia cultural. La moda, la literatura, la música indie, el café de especialidad y el diseño independiente se convierten así en herramientas simbólicas mediante las cuales construye una narrativa personal coherente y visible.
En este sentido, el hombre performativo constituye un perfil particularmente relevante para el mercado del diseño en Chile, ya que sus decisiones de compra están fuertemente influenciadas por tendencias digitales, espacios culturales y validación social.

De meme a fenómeno cultural local
Si bien este fenómeno nació en Estados Unidos y ha sido abordado en medios internacionales, en dónde se analiza como una nueva expresión masculina dentro de la edad contemporánea mueve con un nuevo enfoque el consumo y el comportamiento digital, en Chile este concepto ha adquirido su propia personalidad a mediados del 2025 y comienzos del 2026.
Este personaje ha llamado la atención dentro de los medios nacionales y se ha señalado que la categoría ya circula de manera activa en redes sociales, no solo como etiqueta descriptiva, sino también como recurso humorístico y crítico a través de memes. Esta aparición evidencia que el arquetipo ha llamado al análisis cultural para instalarse en la experiencia cotidiana de usuarios jóvenes, especialmente dentro de comunidades digitales vinculadas a moda, arte, diseño y estilo de vida. Así mismo los espacios especializados en moda y cultura visual han demostrado cómo este tipo de persona pertenece a una identidad, consumo y representación digital. En donde la elección de prendas, accesorios y marcas no opera únicamente como decisión estética, sino como señal de pertenencia a patrones culturales específicos y muchas veces ligados al diseño independiente y a espacios urbanos reconocibles dentro de Santiago.
Es por eso que, dentro de Chile, este personaje no sólo persigue una tendencia digital a nivel global, sino que la adapta a su propio contexto cultural. La presencia de marcas nacionales independientes, spots que están fuertemente ligados al consumo creativo y los espacios culturales fortalecen esta personalidad que adopta cierto porcentaje de la generación z que combina sensibilidad social, capital cultural, visibilidad digital y quienes tienen una presencia activa entre públicos jóvenes interesados en diseño, moda y objetos de autor. Estas tiendas no solo responden a una evidente demanda que se genera por parte de los hombres performativos
Así es como el mercado del diseño se convierte en un actor central, ya que ofrece los objetos y narrativas necesarias para sostener dicha performatividad que buscan.

El consumo como lenguaje de identidad
Una de las preguntas centrales que surge al analizar este fenómeno es por qué estos jóvenes deciden destinar una parte considerable de su sueldo part time en la compra de prendas de diseño independiente o marcas nacionales de alto valor. La respuesta no puede reducirse a que este gasto va de la mano con una compra impulsiva de este usuario sino que más bien, se relaciona con la función que cumple el consumo dentro de este arquetipo.
Para el hombre performativo, la ropa no es únicamente vestimenta, sino una estrategia de construcción de identidad. Las marcas nacionales asociadas a spots como la drugstore, tiendas específicas o espacios híbridos entre arte y moda funcionan como sitios perfectos de capital cultural. Comprar en estos lugares no solo implica adquirir un producto, sino participar de un estilo de vida: apoyar lo local, valorar el diseño independiente, diferenciarse del consumo masivo y proyectar una sensibilidad estética distinta al común.
Es por eso que el gasto elevado se vincula con un propósito. Es un precio justo a pagar a cambio de la visibilidad digital y reconocimiento dentro de comunidades específicas. Las prendas comunican pertenencia, buen gusto, cuidado por la estética y conciencia cultural. Así el consumo deja de ser funcional y pasa a convertirse en performativo, cada elección de marca, cada fotografía compartida y cada etiqueta visible en redes contribuyen a formar una imagen coherente ante su audiencia en redes.
Así mismo, este comportamiento puede verse como una forma de consumo especial, como si los hombres performativos tuvieran el deseo de alcanzar un estilo de vida específico. Aunque muchos de estos jóvenes cuentan con ingresos limitados, priorizan la adquisición de prendas u objetos que fortalezcan su posicionamiento dentro de determinados círculos sociales y digitales. El sacrificio económico se justifica a cambio de permitir sostener una identidad válida.
En este contexto, tiendas y plataformas específicas dentro de Santiago permiten observar de manera concreta cómo se articula este consumo. Espacios como Alta Vida Tienda, Le Sang Gallery, Archivo Records, Objetooos y Sotos funcionan como ejemplos claros de esta lógica, donde el diseño, la curaduría y la experiencia se entrelazan. Estos espacios no operan únicamente como puntos de venta, sino como plataformas que organizan una estética específica y validan ciertos consumos dentro de comunidades digitales y creativas.
En el caso de tiendas físicas vinculadas a moda, objetos y cultura visual, la selección de productos responde a una curaduría que combina marcas independientes, piezas vintage, objetos gráficos y referencias culturales contemporáneas. Por ejemplo, espacios como Objetooos reúnen ropa, accesorios y objetos ligados a subculturas urbanas y estética alternativa, donde cada elemento aporta a la construcción de una identidad visual coherente . De manera similar, proyectos como Archivo Records o Le Sang Gallery integran música, arte y moda, funcionando como espacios híbridos donde el consumo se cruza con la experiencia cultural.
Por otro lado, plataformas digitales como Sotos evidencian cómo esta lógica se traslada al entorno online, permitiendo la compra y circulación de prendas vintage, streetwear y objetos con identidad, reforzando prácticas como el consumo de segunda mano y la búsqueda de piezas únicas . En este caso, el valor no solo está en el objeto adquirido, sino en su historia, su singularidad y su potencial de ser integrado dentro de una narrativa personal.
Finalmente, espacios como Alta Vida Tienda consolidan esta idea de tienda como experiencia, donde la selección de productos, la identidad visual y la presencia en redes sociales construyen un universo estético que va más allá de la compra. En conjunto, estos lugares permiten entender que el consumo del hombre performativo no se organiza únicamente en torno a productos, sino en torno a sistemas culturales donde el diseño actúa como mediador entre objeto, identidad y visibilidad.
Los espacios como plataformas culturales
El consumo del hombre performativo no se realiza en cualquier parte. Porque no es sólo comprar ropa y accesorios, sino que hacerlo en lugares concretos que se presentan como lugares de contexto cultural y peso social dentro de la comunidad. Comercios como Le Sang, Archivo Records o Sotos no son cualquier punto de venta, sino que actúan como plataformas que seleccionan, ordenan y validan ciertas estéticas.
La experiencia de compra (ya sea física o en línea) se suma a la formación de identidad que luego se publicará en redes sociales. La tienda, la arquitectura visual, la composición en Instagram, la selección de marcas y objetos, todo articula un universo que apunta a potenciar una imagen de sensibilidad cultural, conocimiento de las tendencias y pertenencia a un cierto circuito creativo.
Aquí el valor del producto es superior a su propia materialidad. También das acceso a pertenecer a una comunidad estética y discursiva. La tienda se vuelve un “puente” entre el comprador y el campo cultural, el cuidado de sus elecciones y la recepción simbólica que busca este personaje. Comprar en estas tiendas es posicionarse dentro de una comunidad que responde a diseño independiente, música alternativa, literatura contemporánea y consumo consciente.
El hombre performativo es, en definitiva, un espejo. No tanto de una generación de jóvenes que fingen sensibilidad para conseguir atención, como sugiere la lectura más superficial, sino de un sistema cultural que ha hecho del consumo el lenguaje principal de la identidad. Si comprar en ciertos lugares, escuchar cierta música y leer ciertos libros se ha convertido en la forma más eficiente de decir quién eres, el problema no es solo del individuo que lo hace; es del ecosistema que lo hace posible y necesario.
Lo que resulta revelador para el diseño es que este arquetipo no existe a pesar del mercado creativo independiente, sino gracias a él. Las tiendas, las marcas, los espacios híbridos entre arte y consumo en Santiago no son víctimas inocentes de esta performatividad sino que son parte activa de su construcción. Diseñan para él, lo curan, lo validan. Eso no es necesariamente un problema, pero sí es una responsabilidad que vale la pena nombrar.
La pregunta que deja abierto este fenómeno no es si el hombre performativo es auténtico o no; esa discusión ya la ganó el meme. La pregunta más interesante es qué pasa cuando la sensibilidad, la consciencia social y el buen gusto se vuelven indistinguibles de una estrategia de posicionamiento. Y si el diseño, en ese escenario, quiere ser cómplice, catalizador o algo distinto.
Alonso Zumaeta
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