Radar
Sección enfocada en detectar y comunicar microtendencias emergentes mediante un mapeo mensual de señales débiles desde fuentes digitales, redes sociales y observación de mercado.
VER MÁS DEL OBSERVATORIOTecnología con forma de accesorio
Imagina una computadora montada dentro de una lonchera de Hello Kitty. Eso es un cyberdeck: un computador construido desde cero, diseñado para una sola función y completamente offline. El acto de rebeldía tecnológica más inesperado de 2026 lo están liderando las chicas.
- ESTADO: Terminada
- POR: Catalina Oyarzún
- DATE: 27.07.2026
Las ansiedades que rondan a las generaciones jóvenes parecieran ser las mismas a través de las tendencias que hemos reportado en este espacio: la era de la hipervigilancia tecnológica, el rechazo a la Inteligencia Artificial, la nostalgia por tiempos anteriores y el deseo de escapar de la realidad construida por las grandes corporaciones tecnológicas. El neo medievalismo, la añoranza del 2016 y el analog wellness comparten el mismo hilo: esta generación busca desesperadamente un escape a tiempos más simples y menos hiperconectados.
Los cyberdecks son la última expresión de ese impulso. Y tienen algo especial que lo caracteriza: son divertidos.
Imaginemos una computadora portátil montada dentro de una lonchera de Hello Kitty, dentro de una pokebola de juguete, o en una caja antigua de madera tallada. Eso es un cyberdeck en 2026. Un computador personalizado, construido desde cero por su usuaria, con hardware reciclado, diseñado para cumplir una sola función específica y funcionar completamente offline. La característica que el movimiento ha tomado este año es que los dispositivos han absorbido las cualidades estéticas de quienes los construyen, transformando computadoras en objetos de expresión personal más que objetos de consumo.


El término Cyberdeck tiene origen literario. Apareció en Neuromancer de William Gibson en 1984, una de las novelas fundacionales del cyberpunk, donde los personajes usaban computadores portátiles y personalizados para conectarse a la Matrix. Durante décadas, el imaginario del cyberdeck vivió en foros especializados como Hackaday, donde usuarios construían dispositivos tipo doomsday: computadoras simples para guardar datos de supervivencia e información histórica ante escenarios de desconexión total. Ese usuario original era, en su mayoría, masculino, técnico y preparacionista.


Lo que ocurrió a principios de 2026 fue radicalmente distinto. Los cyberdecks llegaron a TikTok con un perfil de usuaria completamente nuevo: mujeres hastiadas de la estética minimalista, fría y masculinizada que ha adoptado la mayor parte de la tecnología de las grandes compañías. Muchas de ellas comparten sus primeras experiencias armando un PC, sin carreras en ingeniería ni programación, buscando comunidad donde compartir dudas, problemas al armar y builds acordes a sus estéticas favoritas.
La filosofía del movimiento viene del scrap-tech: reutilizar tecnología existente para ser más sostenible y ser consciente de lo que se consume físicamente. Un cyberdeck básico necesita solo una computadora de placa única (la más popular es la Raspberry Pi), una pantalla LCD, una fuente de poder y algún accesorio de entrada para interacción como teclado, mouse o joystick. El resto es imaginación y piezas de segunda mano.


Las usuarias construyen sus dispositivos para funciones muy específicas: almacenar música en archivos .mp3 para reemplazar Spotify, leer libros sin depender de Amazon o Kindle, guardar información personal, usarlo para escribir blogs, o cargarle mapas para salir de camping. La gracia es que toda esta información está disponible offline. Pero más allá de la función, lo que expresan en común es que el proceso importa tanto como el resultado. La experiencia de construir algo desde cero, personalizarlo al máximo, aprender a codificar un sistema operativo básico, curar la información que se le cargará y al hacer todo eso, dejar de depender de compañías y personajes moralmente problemáticos, es lo que hace que este proceso sea intrínsecamente rebelde.





Hasta principios de los años 2000, la tecnología tenía una sensación optimista. Los dispositivos se vendían en colores variados, con carcasas de plástico transparente que dejaban ver los componentes electrónicos por dentro, con un diseño juguetón y sin pretensiones. El lanzamiento del iPhone en 2007 y la masificación de las redes sociales cambiaron eso radicalmente: los usuarios pasaron de interactuar en comunidades de nicho a depender de plataformas supervisadas por algoritmos de preferencia. Y la tecnología, en el camino, se volvió más minimalista, más neutra, más fría, la estética predilecta de los grandes fundadores tecnológicos de Silicon Valley.

Esa sensación de pérdida ya está generando reacciones concretas. La Generación Z lleva dos teléfonos: el último modelo para comunicarse y un iPhone de diez años para fotografiar, porque las imágenes granuladas de los modelos antiguos transmiten una autenticidad que las cámaras de alta resolución ya no pueden dar. El BlackBerry volvió a TikTok como símbolo de desconexión voluntaria. Y los dumbphones (teléfonos antiguos sin conexión a internet) se convirtieron en objeto de deseo. Los cyberdecks son la expresión más radical de ese impulso: no solo usar tecnología más simple, sino construida para una sola persona, con una sola función, con una estética completamente propia.
El movimiento conecta también con el Solarpunk, corriente filosófica que imagina futuros donde los seres humanos conviven positivamente con la tecnología y el medioambiente, todo lo contrario al escenario distópico del cyberpunk original. No es coincidencia que el término haya crecido sostenidamente en redes sociales en los últimos meses.
Para el diseño, este fenómeno abre preguntas que vale la pena hacerse: ¿Puede el diseño de productos adelantarse a demandas de personalización sin perder autenticidad? Las comunidades maker que rodean los cyberdecks son también comunidades de validación que vale la pena observar de cerca; espacios donde se prueban ideas, se comparten errores y se construye criterio estético colectivo. Diseñar para la autonomía tecnológica podría ser una de las oportunidades más interesantes de los próximos años, teniendo en cuenta el valor de la privacidad digital hoy en día.
La tecnología, por primera vez en mucho tiempo, vuelve a sentirse como algo que puede ser propio. Y lo interesante de esta tendencia es que conecta con un movimiento macro más amplio que está expresándose en muchos otros aspectos más allá de la tecnología: el juego. Pronto tendremos un artículo específico para hablar de este tema. Por ahora, nos quedamos con la pregunta de qué forma tendría nuestra computadora personal si pudiéramos construirla a nuestro gusto.


