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Sección orientada a profundizar en tendencias clave, analizando su contexto, drivers y proyecciones a partir de múltiples señales del entorno. Cada entrega presenta un desarrollo más analítico y visual, traduciendo la tendencia en insights aplicables para estudiantes y docentes.
VER MÁS DEL OBSERVATORIONeo-medievalismo: el escape fantástico ante una realidad incierta
Caballeros, castillos y estética medieval resurgen en el diseño y la cultura visual como una forma de reencantar el presente y escapar de la incertidumbre contemporánea.
- ESTADO: Terminada
- POR: Catalina Oyarzún
- DATE: 22.04.2026

“Porque la Edad Media o es una época histórica que acaba en 1492 o es la historia del remiendo continuo que nuestra civilización va haciendo con lo que sucede entre la caída del imperio romano y el descubrimiento de América.”
Citar a Umberto Eco para hablar de Edad Media pareciera ser algo natural. El autor italiano ha revisado varias veces a lo largo de su carrera el imaginario medieval, siendo su obra más celebrada, El nombre de la Rosa, un fascinante estudio sobre las tensiones medievales entre el fanatismo religioso y el pensamiento científico. Sin embargo, analicemos mejor la cita que Eco escribe en Diez Modos de Soñar la Edad Media. ¿Qué significa para nosotros realmente la Edad Media? Como dice Eco, una cosa es el período histórico y otra cosa es lo que, como sociedad, hemos proyectado sobre ella.
Cuando pensamos en Edad Media, las imágenes y los conceptos aparecen rápidamente. Cruzadas, caballeros, doncellas, fanatismo religioso, señores feudales, reyes y plebeyos. Todos conocemos este imaginario colectivo. La pregunta es ¿Qué tan real es esta percepción de la Edad Media y cuánto de ello es algo que en realidad ha sido construido posteriormente?
La respuesta a esta pregunta es, al menos para este análisis, irrelevante. Lo que plantea Eco sobre lo que la sociedad hace con el imaginario de la Edad Media, es precisamente lo que vamos a revisar en este artículo. Una nueva construcción sobre lo que imaginamos de aquella época histórica, remendada con los temas, conceptos y falencias que tenemos hoy en la sociedad del siglo XXI.
La Edad Media parece nunca realmente desaparecer de la cultura popular. Sin embargo, al menos desde hace 3 o 4 años, la estética ha tenido un resurgimiento fuerte. Nos encontramos con caballeros en armaduras en medio de desfiles de moda, marketing apelando a caballeros templarios, grupos de chicas haciendo sombreros de doncella por diversión, gente aprendiendo a tejer cota de malla, justas y duelos en parques y un sinfín de señales que nos han hablado de un medieval revival.
No es la primera vez que pasa esto. La Edad Media tiene un atractivo especial para nosotros. Representa en nuestro imaginario colectivo un espacio que podemos llenar con las fantasías que necesitamos que tenga, por lo que proyectamos todas nuestros deseos de escape en ella. Es interesante pensar que esto ocurre siempre con este período histórico y no con otro. Eco mismo dice
“No se sueña la Edad Media porque sea el pasado, porque pasados a la cultura occidental le sobran, y no se ve por qué no se deba volver a Mesopotamia o a Sinuhé el egipcio. Pero es que, como ya se ha dicho, la Edad Media representa el crisol de Europa y de la civilización moderna.”
Muchas veces se ha reconstruido la imagen del medioevo en la cultura popular. Podemos examinar dos ejemplos anteriores para probar este punto.
El origen de nuestra percepción medieval: La época victoriana
La era victoriana fue la primera gran reinvención del imaginario medieval. En plena Revolución Industrial, cuando las ciudades se llenaban de humo, las fábricas reemplazaban los oficios artesanales y la fe religiosa cedía terreno ante el positivismo científico, la sociedad británica volteó la mirada hacia una Edad Media que nunca existió realmente. El movimiento Gothic Revival en arquitectura (Parlamento de Westminster es símbolo perfecto) construyó una estética de torres, arcos ojivales y vitrales como respuesta al caos de la modernidad industrial. El movimiento Arts & Crafts liderado por William Morris rechazó explícitamente la producción en serie para reivindicar el ideal del artesano medieval.
Pero fue la Hermandad Prerrafaelita la que llevó esta fascinación a su expresión más consciente y provocadora. Sus cuadros, saturados de color, repletos de doncellas, caballeros, leyendas artúricas y escenas bíblicas de aire gótico, eran en realidad una crítica encubierta al presente. Los victorianos al igual que nosotros ahora, estaban escapando a una realidad incierta, trayendo de vuelta conceptos como el escapismo espiritual, el rescate de la fantasía y el trabajo manual frente a la fragmentación que el capitalismo industrial estaba produciendo.



Medievalismo como contracultura: los 60s y 70s
El segundo gran momento de fascinación medieval llegó en los años 60s y70s, esta vez cargado de contracultura. En plena crisis del petróleo, post-Vietnam, con la utopía hippie ya agotándose, una parte de la cultura occidental buscó escapar hacia mundos alternativos. El señor de los anillos (una obra claramente basada en el ideario medieval) explotó en popularidad masiva. El movimiento de rol en vivo (Dungeons&Dragons), los festivales medievales y las ferias renacentistas nacieron en esta época como rituales de evasión colectiva. El rock progresivo y el folk de bandas como Led Zeppelin o Jethro Tull estaban saturados de imaginería medieval y céltica. La fundación de la Society for Creative Anachronism en 1966 y su expansión en los 70s fue quizás el gesto más literal: grupos de personas que construían comunidades alternativas basadas en reconstrucción histórica medieval. Todo claramente filtrado a través de la estética psicodélica que identifica esta época muy claramente. Lo que se proyectaba aquí era diferente al siglo XIX: la búsqueda de la aventura, la comunidad pequeña, la autonomía frente al Estado y las corporaciones, y una espiritualidad alternativa al cristianismo institucional.


Ahora, ¿porqué es tan relevante hablar de estos ejemplos? Porque en los últimos años hemos visto a la Edad Media volver a renacer en la cultura popular, pero teñida de los símbolos que caracterizan nuestra estética contemporánea.
El tercer revival: lo que está pasando ahora
Antes de que los diseñadores lo pusieran en pasarela y antes de que Pinterest le pusiera nombre, el medievalismo contemporáneo ya vivía en los márgenes de internet. En TikTok, cuentas con cientos de miles de seguidores enseñaban a tejer cota de malla paso a paso. Grupos de jóvenes organizaban justas recreativas en parques. Foros de costura histórica se llenaban de consultas sobre patrones de hennins (esos sombreros cónicos que asociamos con las doncellas de los cuentos) y de tutoriales para fabricar tocados de encaje a mano. En Medieval TikTok acumulaba más de medio millón de videos, la mayoría usuarios haciendo cosplay de sus equivalentes medievales en una suerte de Dungeons & Dragons digital, trazando paralelismos y diferencias entre el presente y el pasado con una ironía que era también, claramente, una crítica.
La señal no venía de arriba hacia abajo. Venía del deseo colectivo de habitar, aunque fuera momentáneamente, un mundo que no fuera este.
¿Y por qué ahora? Vivimos un momento de acumulación de crisis sin resolución clara: conflictos geopolíticos, colapso climático, resurgimiento del conservadurismo, saturación algorítmica, y una sensación generalizada de que el futuro se ha vuelto difuso o directamente amenazante. En ese escenario, los grandes informes de tendencias del período 2024-2025 (WGSN y Wunderman Thompson con su reporte entero sobre The Age of Re-Enchantment) coincidieron en identificar el escapismo y el re-encantamiento como los motores culturales del momento. El medievalismo no es la única expresión de eso (revisaremos muchos más ejemplos en otro artículos) pero ofrece una visión fácil de reconocer: un mundo pre-capitalista, pre-algorítmico, cargado de espiritualidad, artesanía y comunidad. Un mundo que podemos llenar con lo que nos falta.
Según el rastreo de datos que hizo la analista de tendencias detrás de Style Analytics, el medievalismo contemporáneo no empezó en la moda. Empezó en el diseño gráfico. A lo largo de 2023, el volumen de búsquedas de tipografías de estilo medieval comenzó a crecer de forma sostenida. La blackletter (históricamente asociada con periódicos, cultura metal y estética gótica) empezó a aparecer en contextos inesperados: identidades de marca, carteles de música experimental, packaging de productos de nicho. No como guiño oscuro sino como declaración de densidad y personalidad frente al minimalismo sin alma que había dominado el diseño de marca durante una década.
El momento de inflexión masiva llegó en septiembre de 2024, cuando Chappell Roan se presentó a los MTV VMAs con un look de armadura completa de Paco Rabanne y la imagen circuló millones de veces en pocas horas. No era la primera artista en usar chainmail en una alfombra roja: Zendaya lo había hecho en la Met Gala de 2018 y durante su campaña de prensa de Dune: Part Two en 2024. Pero Chappell Roan lo convirtió en imagen de época. A finales de 2024, Pinterest incluyó castlecore en su reporte anual de predicciones para 2025, registrando un alza del 110% en búsquedas relacionadas con medievalcore. Para ese momento, sin embargo, la tendencia ya llevaba al menos dos años construyéndose desde abajo.



Diseño gráfico y cultura visual
Elizabeth Goodspeed, diseñadora y editora de It’s Nice That, lo nombró con precisión en agosto de 2024: Future Medieval. La blackletter, abrazada ahora en sus formas más extremas e ilegibles (fuentes como Clavichord o Ready Bygone, lejos de los guiños góticos estilizados de años anteriores), las criaturas grotescas usadas como marginalia digital, los bordes ornamentales densos, las composiciones simétricas interrumpidas por irregularidades deliberadas que evocan a un artista medieval que todavía no dominaba la perspectiva. Y un uso masivo de arte del período como material gráfico de libre uso, porque todo lo del siglo XVI está en dominio público.
Las señales están en todas partes si se saben leer: los créditos de apertura de Saltburn de Katie Buckley, el sintetizador EP-1320 de Teenage Engineering con su carcasa color pergamino y pantalla en blackletter que lanzó un micrositio que parecía un manuscrito iluminado, las ilustraciones de Sophy Hollington y Maddie Fischer pobladas de demonios y bestiarios góticos, los carteles de Nicola Tirabasso y Ciaran Birch. En branding, la señal más elocuente la dio Burberry al abandonar su logo sans-serif moderno para volver a uno con serifa cargado de historia.




Moda e indumentaria
Cuando revisamos tendencias estéticas de este tipo, la moda suele ser uno de los primeros indicadores de adopción en la cultura popular. Las primeras señales llegaron poco después de las expresiones gráficas: early adopters como Mina Le, Julia Fox y Caroline Polachek incorporaron referencias medievales en sus looks durante la primavera de 2024, mezclando armaduras fragmentadas, tocados de encaje y joyas de aspecto antiguo con prendas de archivo. The Cut reportó sobre los tocados medievales que empezaban a circular, Morning FYI sobre el cambio de actitud hacia el diseño tradicional, varios Substacks de análisis de moda comenzaron a rastrear la señal.
En los desfiles de otoño 2025, el medievalismo llegó a las pasarelas pero los diseñadores raramente lo nombraron explícitamente. Como observó Vogue, muy pocos identificaron la Edad Media como referencia central de la temporada, pero estaba en el aire: siluetas de armadura en Loewe, tocados litúrgicos en Alexander McQueen, brocados y terciopelos en Schiaparelli y Burberry, estructuras de hombro amplio que remitían al gótico tardío. Conner Ives, Di Petsa y Christian Dior ya habían incorporado referencias medievales en colecciones anteriores. Incluso hasta la reciente temporada FW26, hemos visto más ejemplos de esta tendencia a través de cotas de malla muy marcadas, siluetas reminiscentes al pasado y un creciente culto a técnicas manuales con sensación de fantasía.






Diseño de interiores
En el hogar, la señal medievalista es quizás la más silenciosa pero también la más significativa, porque toca el espacio donde habitamos a diario. El castlecore en interiores no se expresa como reproducción literal —aunque los hay— sino como reacción al minimalismo blanco que dominó el diseño doméstico durante más de una década. En términos concretos: tapices flamencos, crewelwork, maderas oscuras, piedra vista, velas, metales con pátina, textiles con densidad táctil. Todo lo opuesto a la superficie blanca y reflectante. El interiorista y la historiadora Suzannah Lipscomb coinciden en que lo que busca la gente hoy en sus espacios es confort y sentido de permanencia —una respuesta directa a la ansiedad política, la sobrexposición a redes sociales, la crisis del costo de vida y la amenaza de la IA. El hogar como fortaleza, no en sentido defensivo, sino como lugar donde el tiempo se mueve diferente.



Diseño Industrial
El caso más preciso y más elocuente lo protagoniza Teenage Engineering con su sintetizador EP-1320 Medieval, lanzado en 2024. El aparato no solo suena medieval (viene precargado con cientos de sonidos de zanfonas, laúdes, espadas y dragones) sino que lo parece: carcasa color pergamino, pantalla en blackletter, estuche acolchado que podría salir de una armería del siglo XIV, y un micrositio de lanzamiento que imitaba un manuscrito iluminado. Es un producto de tecnología de punta envuelto deliberadamente en el lenguaje visual de un mundo pre-industrial.
Pero el fenómeno va más allá de un producto viral. En el diseño de objetos independiente, la plataforma Adorno lo identificó bajo el nombre New Medieval y lo describe como una reacción directa al minimalismo pastel de la última década. Los objetos que agrupa bajo esa etiqueta comparten una misma lógica: metales trabajados a mano, cerámicas con historia de oficio, luminarias que construyen atmósfera desde la materialidad. Sillas de anillos enlazados que evocan la cota de malla, vasijas de acero forjado con técnicas de herrería, piezas de arcilla y fibra vegetal que llevan las marcas de quien las hizo. Lo que conecta todos estos objetos no es la referencia histórica literal sino los procesos visibles, imperfección deliberada, densidad táctil.

Cultura popular y marketing: medievalismo en todos lados
No sería raro que después de ver todos estos ejemplos ya se hayan venido a la mente algunas imágenes que podrían tener algo que ver con lo que estamos revisando. El medievalismo contemporáneo no se quedó en los márgenes del internet ni en las pasarelas de nicho. En algún momento entre 2023 y 2025, cruzó la línea hacia la cultura popular masiva y, cuando lo hizo, el marketing lo siguió de cerca.
Algunos ejemplos lo ilustran bien. Burberry invitó a un caballero con armadura completa a sentarse en primera fila en su show de otoño/invierno 2025, junto a Anna Wintour, Orlando Bloom y Naomi Campbell. Sir Burberry (así lo llamaron) ya había protagonizado la campaña estacional de la marca antes de aparecer en el desfile, y su imagen viral fue tan comentada que Anna Wintour se fotografió con él.
Desde entonces, pareciera ser que los caballeros con armadura han plagado las campañas de marketing, la música, los video juegos y el arte. Incluso lo vemos en eventos sociales, entrevistas, fiestas, y los paseos rutinarios del día a día. A esta altura, pareciera ser que la generación Z ya lo tiene completamente integrado en su expresión estética. Si se cruzan con un caballero en armadura en la calle, ya saben porqué.
El remiendo de hoy: reflexiones sobre el fenómeno
Volvamos a Eco. La Edad Media, decía, es la historia del remiendo continuo que nuestra civilización va haciendo con lo que quedó entre la caída de Roma y el descubrimiento de América. Lo que hemos visto en este artículo es precisamente eso: un remiendo. Pero un remiendo que nos dice algo muy específico sobre el estado de este textil cultural.
Cada vez que Occidente ha recurrido al imaginario medieval, lo ha hecho en un momento de crisis de fe en el progreso. Los victorianos remendaron con orden y espiritualidad. Los setenta con libertad y tribalismo. Hoy remendamos con re-encantamiento y artesanía cuando el futuro tecnológico que nos prometieron resulta ser un algoritmo que nos homogeneiza, y nos vigila. Lo notable de este remiendo es su contradicción: busca lo analógico desde lo digital, construye comunidad desde el aislamiento, reivindica lo espiritual desde una época secular. A pesar de eso, insistimos con soñar la Edad Media como un escape, una fantasía a la que ansiamos volver una y otra vez. ¿Figimos que podemos escapar, o realmente estamos volviendo a quehaceres más antiguos que hemos olvidado?
Si la Edad Media es el espejo en el que nos miramos cuando el presente falla, la pregunta que queda abierta es qué estamos viendo exactamente en ese reflejo. Por lo que hemos revisado, la respuesta no es reconfortante. Pero en el gesto mismo de observarnos quizás todavía hay algo parecido a la esperanza.



